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Decibeles: un nuevo tema en la preparación

Suena a sacrilegio, el tener que silenciar un auto de carreras es un tema en la mesa que no podemos ignorar, se está transformando en una tendencia que se ha empujado por distintos factores, el más destacado y el menos hablado: cambio generacional.

El límite de 90 decibeles puesto en Codegua por los organismos ambientales, nos ha hecho sufrir, tanto a espectadores como a preparadores y pilotos. Es una barrera tremendamente difícil de superar, pero ¿hay un camino más apropiado a seguir? Quizás sí.

El tema es tremendamente extenso, tiene una cantidad de aristas suficientes como para escribir un libro después de pasar mucho tiempo haciendo pruebas y probando teorías. En unos pocos párrafos, daremos algunas ideas generales para darle trabajo a la mente.

No solo en Chile tenemos limitaciones de sonido, también las tienen en lugares que no imaginamos, como el legendario circuito de Laguna Seca. La casa de la Corkscrew funciona a los restrictivos 90 decibeles casi todo el año, sólo 30 días al año están pactados para funcionar sin limitaciones. En la Nascar, han pensado y estudiado extensamente el tema de silenciar los autos, suena aberrante, pero así es.

2017 IMSA - Laguna Seca

Debido al cambio generacional y los extraños gustos de los “millenials”, la carrera por llevar público a los circuitos se ha llevado al punto de hacer más cómodo el espectáculo, así todos tendrán posibilidad de conversar mientras ven una carrera y menor riesgo de quedar sordos… aunque, se ha comprobado que es mucho más perjudicial exponerse a los audífonos que a las carreras.

Lo cierto en todo esto, es que silenciar un auto de carreras no es bueno para la máquina. La única manera de silenciar es restringir la salida de los gases, aquello afecta todo el sistema y su diseño. Sabemos que el diseño del escape completo influye en tantos parámetros que no alcanza un artículo para nombrarlos, pero lamentablemente debemos acostumbrarnos y adaptarnos a ello.

Cada motor tiene una “nota” o un “tono” característico, y podemos trabajar con ello para tratar de silenciar de una manera armónica que no nos quite la emoción. Aquí va la teoría interesante: el sonido no sólo son decibeles, está compuesto por frecuencias de sonido, lo que básicamente es cuántas veces por segundo vibra el aire. Es decir, 1 Hz es una vibración por segundo, mientras que 1.000 Hz, son mil vibraciones en un segundo. ¿de qué sirve esto? Fácil, ahí está el tono del motor. Si los Hertz de un sonido son menores, el sonido es más grave. Si hay más Hertz, el sonido es más agudo.

Tome nota: Las frecuencias bajas se caracterizan por ser ondas amplias muy difíciles de romper, viajan más lejos y requieren de menos energía para levantar decibeles.

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Las frecuencias altas son ondas pequeñas y más fáciles de silenciar, se rompen en su viaje si se topan con objetos y requieren de más energía para levantar decibeles.

Ahora, con esta información vamos a las siguientes teorías. El oído humano tiene un espectro audible que va desde los 20Hz hasta los 20.000 Hz aproximadamente, pero, tenemos mayor capacidad en un rango de unos 3 a 5 mil Hz.

Entonces, ¿de qué sirve todo esto? Fácil, al pasar una prueba de sonido, algunos autos logran hacerlo y percibimos que suenan mucho más que otros que no están aprobando, y aquello puede responder al rango de frecuencias en que afinamos el escape. Hay que recordar que hay rangos en el espectro que sentimos a través del cuerpo pero que realmente no escuchamos, pero que los instrumentos sí los perciben.

Una interesante manera de interpretar un escape, es verlo como un instrumento de viento: en una flauta dulce, podemos tener rangos de frecuencia muy bajos hasta muy altos (notas graves y notas agudas). Por lo que si hacemos que el escape emita un sonido más hacia el rango agudo, podríamos pasar la prueba de sonido y obteniendo lo que realmente queremos escuchar de un auto de carreras. Así, es muy importante saber seleccionar el silenciador adecuado y elegir un proveedor que tenga variedad de éstos, como Borla, que tiene líneas especializadas para autos de carrera.

Hay otros factores que influyen, como por ejemplo el diseño de la admisión. Una parte importante del sonido se produce por ésta, ya que los ciclos de admisión y escape tienen un cruce, y a pesar de que ambos están separados, funcionan en armonía. También es importante entender que la densidad del aire ayuda o perjudica el pasar una prueba de sonido, un aire húmedo en un día nublado, hace que el aire tenga más capacidad de transmitir sonido, así podemos pasar los límites en un día soleado y no en un día nublado.

Para acomplejarnos un poco más la cabeza, el “decibel” no es una unidad de medición simple como los centímetros en una regla, es muy similar a lo que sucede con las magnitudes de los temblores. El decibelio es una unidad adimensional, en palabras simples mide la percepción de acuerdo al oído humano. También debemos entender algo importante sobre el decibelio, su escala es exponencial, así un sonido de 30 decibelios no es 2/3 de 50 decibelios, es 100 veces menor. Así si tenemos un paso por prueba de sonido con 95 decibeles, no son “sólo 5 decibeles que me faltan”, es un largo camino por recorrer porque ahí hay harta energía que disipar, y más de lo que pensamos. Así un número se transforma en algo abstracto y difícil de entender.

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Las autopistas y aeropuertos urbanos se han esforzado enormemente para silenciar sus actividades. El sonido se comporta de formas extrañas y silenciarlo es muy complejo, además de caro. Un gran ejemplo son las barreras para silenciar autopistas, logra silenciar frecuencias medias y altas, pero no las bajas, así un camión puede escucharse igual tras un aislante de sonido. En los aeropuertos, han descubierto que el sonido rebota en el suelo, además de viajar por el aire… Con estos términos, uno entiende que silenciar un recinto, es un camino tremendamente largo, complicado y muy caro de solucionar, tanto, que podría echar abajo cualquier presupuesto.

Lo más sencillo, es silenciar recintos con naturaleza, plantas y árboles son lo más barato y eficiente, pero, es muy caro llegar a encontrar el lugar adecuado para poner estas barreras naturales. Es así, como el automovilismo en Chile tiene tan pocos recursos, que debemos tratar de aportar al problema desde la fuente, los autos.

Hay soluciones simples para tener ideas, aplicaciones para dispositivos móviles pueden medir el espectro de sonido del escape de un automóvil, de esa manera podemos jugar con el tono y afinarlo para que sea más fácil de oir dentro del rango de decibelios permitidos por la norma.

No está de más decir que el sonido con un automóvil detenido no es lo más cuerdo de medir, las cosas cambian cuando se está en marcha, los motores con carga tienen un sonido distinto, ya que el volumen y presión de los gases en el escape, son distintos. Aquí es donde decimos, la norma está en pañales y necesita de un estudio más serio para regular nuestra actividad, ya que es absurdo pensar en que un auto de carreras deba tener 90 decibelios como límite, sólo en una fiesta tenemos más de 110 decibeles, lo que de acuerdo a la magnitud, es alrededor de 100 veces más fuerte. Tan sólo en la arteria principal de Santiago, la Alameda, tenemos más de 100 decibeles en las veredas… ¿cuánto habrá en un estadio de fútbol?