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El hombre de la bandera Ferrari en Vizcachas

Esta es una de esas historias que pocos conocen, pero que guardan un significado que muchos deben recordar. En los años en que el automovilismo aún resonaba en el histórico cerro del Autódromo de Vizcachas, habían fanáticos que se reunían sin falta en torno a las carreras.

Aquél Club llamado “ATC” (Automovilismo de Turismo Carrozado), organizaba carreras de forma regular, donde no podían faltar los legendarios Fiat, en varios de sus modelos. Durante años, el Club ATC mantuvo la pasión hasta que el autódromo cerró definitivamente a las competencias deportivas y el sonido de los motores se silenció. Hasta ese día, memorable por cierto, un silencioso pero apasionado hombre hizo su lugar en el cerro, siempre empuñando una bandera de la marca de su corazón: Ferrari.

En cada carrera ondeaba una bandera de principio de los ochenta, tenía impreso el auto de Gilles Villeneuve y aquél hombre el caballo de Ferrari en su corazón, bombeando combustible de forma constante; “Forza Ferrari”. Su presencia era parte del espectáculo, conocido de la organización, amigo de pilotos y de otros aficionados, Patricio Campos, no abandonó su tradición de llevar la bandera a cada carrera, por años!

En aquél tiempo, el Club ATC reconoció su constancia con un galbano que lo condecoraba en su pasión. Patricio llegaba a cada competencia en su Fiat 125, al que dedicó miles de horas, sin pensar si era rentable o si andaba lo suficientemente fuerte, simplemente hacía lo que le producía una felicidad inmensa, sin importar lo que los demás pensaran. Él parecía común, pero no lo era.

Hoy, rindo homenaje a su iniciativa y a su inamovible pasión, la que tanto nos hace falta como público, quienes no nos tomamos el tiempo para desarrollar lo que nos apasiona. En lugar de ver televisión o ver videos de internet donde resumen las actividades, debemos empuñar la bandera de nuestra pasión y decirle a los demás “aquí estoy, siendo feliz”. Ese simple acto, multiplicado por algunos cientos, puede llenar un circuito y levantar una actividad que en muchos años llenó autódromos y carreteras, cuando el automovilismo era más importante que el fútbol.

Patricio Campos dejó eso impreso en mi retina, algo que veo constante en público como el argentino; Hacen falta más personas que sigan su pasión, como Patricio, alguien a quien tuve la suerte de conocer y que afortunadamente me arrastró a este mundo, ahora escribiendo este artículo, que espero mueva algún sentimiento en quienes se atrevan a leerlo.

 

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